En pleno vendaval de medios sociales mantener un blog se ha convertido en un ejercicio de persistencia casi heroica. Incluso los seguidores más fieles van abandonando paulatinamente los lectores de fuentes RSS al tiempo que se entregan a la serendipia del filtrado social, confiando en que si algo es relevante para ellos les llegará a través de sus redes.
Hubo un tiempo, no tan lejano aunque demasiado largo, durante el que los blogs estuvieron de moda. Luego aparecieron en el baile otras chicas más guapas que se llevaron todas las miradas. Cuando cambiaron la música, unos blogueros se dedicaban a espantar a los enterradores de bitácoras, mientas otros les reían las gracias.
En el camino, caminando, sólo quedan de aquellos tiempos los que comenzaron antes de la moda, los cultores que convirtieron a la herramienta en un medio. Un medio que los medios entonces despreciaron y hoy han convertido, sin el menor rubor, en parte destacada de su oferta de contenidos.
Los viejos roqueros de la blogosfera siguen dando guerra. Todos ellos con más de un blog, algunos de forma profesional y otros aferrados al amateurismo distintivo de los comienzos, pero comparten algo que Blogpocket define como “la locura de los weblogs dentro de uno”. Y contra eso, amigos, no hay remedio. Por suerte.
Creo que esta guerra no es entre gobiernos y piratas, sino entre las industrias culturales incapaces de reinventarse y los ciudadanos que se resisten a seguir pasando por el aro de unas prácticas comerciales abusivas y anacrónicas.
Hay que replantear la legislación acerca de la propiedad intelectual, transformar los modelos de negocio de las industrias culturales y dejar de criminalizar a los ciudadanos que quieren acceder y compartir, de manera razonable, los bienes culturales.
De otro modo, la presión de las viejas industrias sobre los gobiernos, solo conseguirá convertir a internet en un espacio oscuro de libertades amputadas en el que los ciudadanos, por supuesto, seguirán intercambiando archivos.
Me llamó la atención en la brandstore de Mini en Amsterdam que tuvieran en un lugar destacado de la tienda un monitor que mostraba las conversaciones acerca de la marca en Twitter mediante TweetDeck.
La tienda, al igual que muchos restaurantes y museos de la ciudad, ofrece también acceso abierto a su red WiFi, con lo cual fomentan que los clientes compartan globalmente su experiencia.
En algunos casos, como me ocurrió en el Museo Van Gogh y en la Casa Museo de Rembrandt, los community managers están atentos a la conversación sobre sus marcas y establecen contacto:
El PGLA, como le ocurrió a los 400 periodistas que llegamos a cursarlo entre 1972 y 1990, cambió mi vida. Prolongué mi formación en la UNAV con un máster y un doctorado y luego tuve el inmenso honor de ser invitado a sumarme al claustro.
Hoy, y cada día desde entonces, solo tengo palabras de agradecimiento para tantos grandes maestros que me ayudaron con su ejemplo, su sabiduría y su generosidad, a descubrir y transitar los caminos de la investigación y la docencia. También agradezco a las promociones de alumnos que han pasado por mis clases, ellos también son quienes nos hacen mejores.
Creo que el uso de blogs y de Twitter siguen siendo las mejores escuelas de la escritura hipertextual. El enlace oportuno y la brevedad trabajada son destrezas cada vez más relevantes para los comunicadores.
Los alumnos tendrán que encontrar temas que les apasionen. Los profesores intentaremos ayudarles para que aprovechen el potencial de los medios digitales para tratarlos de un modo hipertextual, multimedia e interactivo. Allá vamos.