El director del gratuito 20 minutos comienza un blog

Arsenio Escolar se ha animado con la herramienta que nos seduce y nos aterra por igual a los periodistas veteranos.

Lo cuenta Escolar en Todo queda en casa y lo analiza Varela en Primer blog de un director en España.

Es un blog de verdad, no la clásica columna rebautizada que prolifera estos días (asunto sobre el que Salaverría se pregunta ¿Por qué lo llaman ‘blog’ cuando quieren decir ‘columna’?).

Bienvenido a la blogosfera, y a ver qué otros se animan…

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2 comentarios

#1 Gabriel Jaraba el 6 Sep 2005 a las 17:6

El propio Arsenio Escolar lo dice claro: le inquieta el ejercicio de transparencia que supone que el director de un diario publique un blog. La cultura profesional periodística se halla encerrada en los consejos de redacción, y en el doble sentido de “encerrada”. A ello hay que añadir la característica común de TODAS las redacciones de los periódicos españoles: la ausencia de formación continuada de sus profesionales. De esos dos clavos cuelgan todas las dificultades de contacto de los periódicos con las nuevas realidades sociales.

#2 jmrobledo el 6 Sep 2005 a las 19:6

Si allá en España sucede lo que en Aguascalientes, México, pues peor.
Resulta que acá nunca ves a los directores de los diarios haciendo vida pública relacionada con el periodismo. Van a las reuniones sociales, pero no asisten a conferencias de prensa, presentaciones, inauguraciones, etc., esas actividades a las que da cobertura la prensa, los reporteros que trabajan a las órdenes de esos directores.
Un editor, director, jefe de sección, de un diario, estación de radio, canal de televisión que no esté ahi donde se genera la noticia no sabe qué está pasando en realidad. Hay que oler el mundo, verlo, sentirlo, para poder escribir, opinar, acerca de el.
Por eso la prensa en general anda por la calle de la amargura. Una visión es la de los directivos y otra la de los reporteros. Y casi siempre van por caminos diferentes.
Todo periodista (generalizando) es en primera instancia un reportero. Renunciar a esa vocación es desertar de la vocación. Y un desertor en la oficina de un periódico es algo así como la Iglesia en manos de Lutero.

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