Ahora: Monitorizando maletas extraviadas por Iberia


¿Es lo mismo ser original que ser bueno?

Leí esta pregunta en el Times de hace unos días: It’s original, but is it any good? Veamos. El caso es que - a poco que lo que hagamos tenga algo de arte, también en la blogosfera - en principio hoy está bien visto ser original. Y también parece bueno acelerar y llegar enseguida a algo que sea o parezca original, innovador. Distinto. Instalados con fugacidad en el presente, parecemos hipnotizados por el futuro.

Pero en algún momento aparecen preguntas, dudas y matices. Como reprochaba McLuhan a su época, parece que aún conducimos a gran velocidad, sin saber o querer usar el retrovisor: ignorantes de que ir hacia el futuro implica saber del pasado. Porque (manido pero cierto), según dice Santayana y suele atribuirse a Churchill, quienes ignoran su pasado están condenados a repetirlo. Quien no sabe a hombros de qué gigantes otea el horizonte, está más bien perdido.

Es paradójico que, olvidando el origen, nos empeñemos en ser originales. No Roots, No Tree, No Family, No Me, cantan Faithless. Es paradójico que nos empeñemos en resolver problemas nuevos, no planteados. Como lo es empeñarnos en responder preguntas que nadie hace, cuando sabemos que lo inteligente es saber hacer buenas y sabrosas preguntas, como dice Clooney , y no sermonear.

Menos mal que -de vez en cuando- la vida nos atropella con algunas preguntas, antes de que la atropellemos con nuestras respuestas de acelerados buscadores de originalidades. He de decir paladinamente que en los días pasados, la vida me ha atropellado: unas deudas académicas por aquí, un mal cálculo de tiempos, esfuerzos y resultados por allá, y la muerte inesperada de gente próxima: eso (valga como excusatio non petita) es lo que me ha dejado sin escribir aquí. Pero estos atropellos de la vida siempre dejan buenos retemblores. O buenas vibraciones, como diría Miguel Induráin. Supongo que también es así en otros atropellos de la vida, como el reciente de Juan Varela (recupérate tranquilo, sin mucha neuromancia ni reverbero nietzscheano). No somos ni de piedra ni de cartón-piedra.

Estos atropellos de la vida (apuros de trabajo, alientos vecinos de la parca), son a la postre saludables. No insisto, pero nos ponen en nuestro sitio: ni estamos solos, ni somos el último dernier. Debemos mucho a quienes nos precedieron, y nos debemos a los demás. De otro modo - y sin ahora argumentar con la pietas clásica- viviríamos sin piedad, como sugería aquel título de Sydney Lumet (12 Angry Men), o bien sin perdón como aquel otro de Clint Eastwood (Unforgiven). Porque la piedad y el perdón son pócimas necesarias para restañar heridas, indispensables para vivir. Y tiene que ver con la actualidad del pasado.

Quizá parece que esto tan someramente evocado no tiene que ver con la originalidad artística leído en el Times. No es así: la piedad lleva a tomar en serio los legados de quienes nos precedieron y el perdón es asunto de ordinario toma y daca en cuestiones de seriedad en la innovación artística. Eso, sabiéndose inserto en una tradición, y sin creer haber nacido por generación espontánea. De ahí que el articulista del Times, Grayson Perry, cite a Von Mises: “Innovation is the whim (el capricho) of an elite before it becomes the need of the public”.

Pero el articulista también dice que “terms such as innovative, original, ground-breaking and cutting-edge” le inducen a la sospecha, si vienen de labios de artistas, porque son palabras tomadas del vocabulario de los agentes de relaciones públicas. Jamás las usaría un artista digno de tal nombre para hablar de lo que hace.

Y pone el dedo en la llaga de las palabras. Las que se refieren al pasado, como feas y fuera de lugar, mientras que las que parecen aludir al presente o al futuro parecen brillantes y hermosas: “In art, tradition, the opposite of new, has long taken a back seat; in fact, it seems to have become almost a dirty word. Freshness, revolution, originality are the holy grail”.

Quien mas, quien menos, casi todos tenemos experiencia de haber querido ser, de entrada, originales sobre todo en tiempos -digamos- de iniciación. Tiempos en que la moneda de curso legal era la originalidad y el miedo a que alguien nos copiara. Ideas que se volatilizaban pronto: cuando se estudiaba historia del arte, enseguida se llegaba a la conclusión (también errónea) de que ya todo se había hecho antes.

Más allá de lo que se juegue con las palabras, siempre es bueno e importante resultar original. Pero es una futilidad inútil buscar serlo. Lo importante y lo bueno del arte, como de la vida feliz, es algo que de ordinario llega con la sorpresa inesperada de encontrarlo entre las manos o con la fugacidad de lo visto con el rabillo del ojo. Como el aviso del soplo de la parca. Todo menos buscarlo de frente y a toda costa.

(Nos vemos: Beers & Blogs el viernes en Pamplona)

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10 comentarios

#1 Ricardo Gómez el 28 Feb 2006 a las 19:28

Un post muy interesante. Me ha traído a la memoria lo que le dijeron, hace ya varios años, desde el tribunal a un doctorando de mi universidad:

“Su tesis tiene mucho de original y mucho de bueno. Lástima que lo oritinal no sea bueno y lo bueno no sea original”.

#2 legado el 28 Feb 2006 a las 20:28

Tengo escasos 21 años y mi experiencia vital es más bien escasa pero muy intensa. El caso es que por mucho que nos esforcemos en ser originales, en separarnos del mundo para ser ???nosotros??? en todo el sentido fabulístico de la palabra, siempre llegamos al mismo punto de partida, a la igualación de lo distinto para volver a empezar de nuevo. Cual es la gracia de intentar ser otro cuando los demás intentan tanto como tu ser otros y lo que consiguen es que todos seamos iguales.

La originalidad real es ser tu mismo. Solamente llegando a comprender lo que nos dictamos desde los más profundo de nuestro irracionalismo es cuando somos diferentes, ya que nadie piensa, ni de cerca, como yo puedo llegar a pensar.

#3 Legado :: Al fondo del plato :: February :: 2006 el 28 Feb 2006 a las 21:28

[...] Leyendo uno de los grandes me he encontrado con la duda. Original u otra fotocopia más del montón. No se si desesperarme por luchar para llegar a ser por lo menos una fotocopia con algo más de colorido o simplemente dejarme llevar por la corriente de aire que nos lleva a todos hacia el gran cubo de la basura que es la monotonía. Hace 6 años, cuando yo aún no había llegado a mi mayoría de edad, una profesora de literatura inglesa me dijo con un tono muy dramático que cualquier cosa que hagamos para saltar del plato no sirve de nada, siempre iríamos a para al caos total, al punto donde todo y todos se convierten en uno para no ser nunca más diferente. Una teoría demasiado dramática para una mente tan inmadura, pero que ahora empieza a hacer mella. Un día se te ocurre ponerte una media en la cabeza y pasar del mundo, vas a clase a escuchar el sermón de una profesora sacada de las películas de Alfredo Landa, te cruzas con el conductor de la línea 2 que lee un libro a la vez que conduce, te tropiezas con un pijín de 15 años que viste andrajos que jamás tendrás en tu armario. La compañera que se sentó al lado en clase se da cuenta de que llevar una media en la cabeza te favorece el color de ojos y hace exactamente lo mismo, al día siguiente los dos vais con la media en la cabeza y os cruzáis con esas copias sueltas del mundo real que tan poco te gusta. La media en la cabeza se extiende y tú ya no eres tú, ahora eres la copia original de un montón de fotocopias, pero una copia a fin de cuentas. Ahora es cuando entiendes a tu profesora de cuando eras crío y te das cuenta que la profesora es la original, que el conductor que lee, el pijín sin remedio y toda esa panda son los originales por que conocen lo que quieren y no intentan saltar del plato, sino que se escuchan y conocen tan bien su interior que los hace diferentes del resto del universo. Ese es mi error, y desgraciadamente el tuyo también.  Con la ayuda moral de ecuaderno  Comments » [...]

#4 El Ruido de la Calle » Blog Archive » Cine Experimental el 1 Mar 2006 a las 12:1

[...] Como balance provisional de algunos temas de estos últimos meses (y también de la propia línea editorial de este blog, que la tiene) y a propósito de hypes, de la busqueda de nuevos caminos que recorrer, de la experimentación, de la obsesión por la originalidad, de la repetición de las formas (para lo bueno y para lo malo) y del respeto a las raíces ante una sociedad que nos impone lo contrario, recomiendo leer la entrada de hoy del siempre interesante ecuaderno. [...]

#5 Juan José García-Noblejas el 2 Mar 2006 a las 10:2

Muchas gracias por la atención de los trackbacks y comentarios. Leyendoos queda patente que en la red hay gran reserva, como en las buenas bodegas, pero en este caso no de vino, sino de materia gris activa.

Me da la impresión de que los cuatro comentarios, cada cual a su modo y en mayor o menor medida, pueden ser entendidos en clave de “conciencia”. Desde luego que la demoledora y ya clásica apreciación de aquel tribunal de tesis que refiere Ricardo (???Su tesis tiene mucho de original y mucho de bueno. Lástima que lo original no sea bueno y lo bueno no sea original???) implica la distinción entre lo uno y lo otro, aunque ambas cosas valoradas positivamente. Recuerda aquel otro mazazo dorsiano de que “lo que no es tradición es plagio”, y la reciente glosa del escritor Javier Cercas acerca de la imposibilidad de que exista la novedad absoluta, hablando de literatura.

Lo que dice “Legado” en su sitio, desde el fondo del plato (bien escrito, pardiez!), es una interesante reflexión existencial sobre la conciencia y la autenticidad kierkegaardiana que recomiendo leer, quitándole el arrimo de pesimismo por aquello de Nietzsche y su empeño en que todo y todos retornamos eternamente a lo mismo: no hay innovación en su enferma envidia de Wagner y de Dios… No sigo, que sale otro “post”.

La referencia al cuidado de las raíces que se comenta desde “El ruido de la calle” me trae de pronto a la memoria las buenas consideraciones de Carlos Llano, un admirado amigo y profesor mexicano, a propósito del “error” en la vida práctica cotidiana (Lebenswelt). El error visto como aquello que impide o dificulta la creatividad humana: porque lo propio de los seres humanos es ser protagonistas de la innovación, inaugurar la propia acción, incluso en las operaciones más rutinarias y tradicionales.

Dice Carlos Llano que algunas de las trampas o falacias que traen erroes y dificultan o impiden la creatividad y la bondad de la originalidad, presentan los siguientes aspectos.

La creatividad implica el “fresh understanding”, que impide quedar anclado a lo primero que nos llega acerca de cualquier asunto. Es decir, la creatividad pide liberarse de prejuicios, y ésto exige a su vez originalidad de pensamiento (no “pensar distinto de los demás”, que no equivale sin más a “ser original”). Es decir, capacidad de remontarse al origen de los conocimientos, sin recibirlos sin más, ya “cocinados”.

La creatividad y originalidad desde luego que tiene otra trampa inconsciente en el siempre cómodo atenerse al “statu quo”, en dejarse llevar por “lo que hay”, por la inercia o la moda. En el sesgar la presentación contextual del asunto que tengamos entre manos. Todo esto atrofia la capacidad de decidir y decidirse.

La buena creatividad, la originalidad, suele tambiñen evitar el error del encastillarse, del negarse a tomar la decisión de rectificar. Porque esto duele y es costoso. Lo mismo puede decirse del error o la trampa que supone buscar “ratificar” (buscar hechos que confirmen sin más los propios puntos de vista) para no “rectificar”. Hace falta, para ser y hacer algo original y bueno, un tanto de humildad y otro tanto de saber que “lo correcto”, de ordinario, es “lo corregido”.

En fin, la creatividad tiene ante sí la “trampa de la predicción”: dar por seguras predicciones imposibles. Prever es normal, y se nos puede exigir ser previsores, pero no se puede exigir a nadie ser profeta. Y hay por ahí mucho falso profeta de originalidades, que lo único que hace es pretender reescribir la historia desde la falacia del “post hoc, (ergo) propter hoc”: no es lo mismo que algo venga detrás de otra cosa y que ese algo sea consecuencia de esa otra cosa. Las mejores “predicciones” siempre han sido flexibles. Han dejado sitio a los avatares.

No sigo, porque a estas alturas ya es patente que de ordinario hay mucho encerrado en pocas palabras. Y todos tenemos ahora mismo otras cosas que hacer. Gracias por pensar y ayudar a pensar.

#6 JoseAngel el 2 Mar 2006 a las 23:2

Mucho de este debate sobre la novedad y la originalidad se ha hecho antes en cuestiones de literatura y pensamiento, por ejemplo. Tampoco somos totalmente originales en nuestros debates sobre la originalidad sólo porque se hagan en torno a un fenómeno nuevo: las líneas de fuerza conceptuales pueden ser clásicas. Ver por ejemplo Samuel Johnson en su crítica a la “originalidad deliberada” de los poetas metafísicos ingleses.

#7 Juan José García-Noblejas el 3 Mar 2006 a las 10:3

Cierto que sí, José Angel. tienes toda la razón en situar la cuestión en ese territorio. Aunque, por desgracia, no sé suficiente de los llamados “metafísicos” ingleses, un invento de John Dryden y Samuel Johnson para decir que esos poetas escribían (superficialmente) “como si” hicieran metafísica al fabricar sus oscuros “conceits”. No sabría bien cómo salir del territorio, si se me ocurriera entrar en él… Un agradecido y cordial saludo, tras pasearme un rato por tu blog, que -ya ves lo que son las cosas de la ignorancia- no conocía aún. Volveré, y así me entero mejor de lo que pasa con la filología inglesa en esa senda universitaria y ministerial española de Bolonia, que no sé si tiene también algún toque de aquella misma “originalidad deliberada” que mencionas.

#8 dan3 el 3 Mar 2006 a las 20:3

cuídate José Luis. Metafísico y lírico coincidimos aún más. La cuestión de la innovación es más necesidad cuando el vestido cultural se nos ha quedado corto. Y en la propuesta de lo distinto no podemos garantizar su bondad (se verá con tiempo…) y sólo alcanzamos la bondad de nuestras intenciones (y nunca del todo).
descansa y saludo a los beerbloguers.

#9 contradiccio el 4 Mar 2006 a las 02:4

La originalidad… tal vez es una vaga ilusión… lo metere en el saco de la concuspiscencia (si desarrollo el tema concupiscencia nos quedamos sin servidor, así que lo he borrado, aunque he estado unos 5 min escribiendolo, que pena) xDD

#10 Cazando Biosbardos » Blog Archive » Metaposteando el 6 Mar 2006 a las 02:6

[...] [Por ser el primero, tomémoslo a modo de prueba técnica y discusión de método. Sólo un modo de irme familiarizando con este lugar.] Aunque seguro que no descubro nada con ello, encontré un post en uno de tus habituales que no nos viene mal al caso. ??chale un ojo si lo pasaste por alto en su día. Otra cosa es que, pensando, caí en que lo de quitar el arte de nuestras prioridades es reconsiderable. Hay gente que hace cosas tan interesantes al respecto, de un modo u otro… Y aunque lo que esa gente hace es otra cosa, en verdad no es necesario desvincularlo de lo actual, como me mostraste antes. Por ejemplo, a ver si me encuentras mejor modo de comentar lo que anda pasando en Colombia que con estos versos de Ángel González que llevan días retumbándome en la cabeza: “Sí, fue un malentendido. Gritaron: ¡a las urnas! y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego. Era pundonoroso y mató mucho. Con pistolas, con rifles, con decretos. Cuando envainó la espada dijo, dice: La democracia es lo perfecto. (…)” [...]

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