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diciembre 19, 2025 Por José Luis Orihuela

La hora del minimalismo digital

Ya hace veinte años del comienzo de nuestra fascinación por las redes sociales, del nacimiento de un optimismo desmedido y de una confianza ciega en las promesas de la conectividad.

Monográfico de revista Líder (Portugal) sobre «Simplificar»

El encantamiento de «dar a la gente el poder de construir comunidades y acercar el mundo» comenzó a desvanecerse con motivo de las revelaciones de Edward Snowden (2013), el caso Cambridge Analytica (2018) y la llegada de Elon Musk a Twitter (2022).

Además, la proliferación de plataformas y la ubicuidad de los móviles acabaron produciendo un efecto de saturación que se sumó la crítica por la gestión de los datos de los usuarios, la intervención algorítmica en los muros y un creciente deterioro de la calidad de las conversaciones producido por las intromisiones publicitarias y los usuarios tóxicos.

Construir una marca personal a través de la presencia digital dejó paulatinamente de ser un ejercicio lúdico y se fue convirtiendo en una tarea cada vez más compleja y exigente que condujo a la sobreexposición de la propia vida en las redes y a una dependencia malsana de las notificaciones y las métricas.

Se explica, en reacción a este contexto, que haya cobrado fuerza la práctica, popularizada por Cal Newport, del minimalismo digital, una filosofía del uso de la tecnología que anima a concentrar la vida en línea en unas pocas actividades bien escogidas y olvidarse del resto: «a los minimalistas no les inquieta perderse las cosas pequeñas; lo que les preocupa de verdad es mermar las grandes cosas que ya saben con total seguridad que hacen que una vida sea buena».

Por eso, al mismo tiempo que se abandonan rutinas para poder recuperar la soberanía sobre la propia vida, sobre los dispositivos y las redes, se hace necesario recuperar aquellas prácticas que fueron desplazadas por la revolución digital: la lectura reposada de textos largos, el visionado de películas o series y las conversaciones sin interrupciones para consultar el móvil, los juegos de mesa, las caminatas o carreras sin tecnología, la contemplación y la creación artística, los hobbies…

Como lo establecía John Maeda en la primera de sus leyes de la simplicidad: «la manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada». Así es que, en relación a la conectividad, cabe preguntarse:

  • ¿Qué aplicaciones instaladas en el móvil han dejado de ser esenciales?
  • ¿Qué notificaciones pueden desactivarse?
  • ¿Qué redes han dejado de aportar valor?
  • ¿Qué contactos se han convertido en fuentes tóxicas?

Simplificar la relación con las tecnologías de la conectividad es hoy una de las formas básicas que adopta la alfabetización digital.

Vivir en un mundo hiperconectado exige, paradójicamente, aprender a establecer espacios y tiempos libres de conexión para que el usuario no se convierta en un siervo de la tecnología que supuestamente le ayuda.

No se trata de abogar por la desconexión total, que en muchos casos no es posible ni deseable, sino por la adopción de desconexiones periódicas voluntarias. Una dieta de desintoxicación digital (digital detox) que, entre otros beneficios, permita recuperar el control sobre el único bien que no escala en toda la economía de la información: el tiempo de atención.

Repensar la relación de cada uno con las tecnologías de la conectividad (la red internet, los dispositivos móviles y las plataformas sociales) en clave de simplificación, exige reconocer hasta qué punto las máquinas han conquistado los espacios y tiempos cotidianos, al tiempo que reclama una redefinición del rol que se le asigne a estos medios en relación con los objetivos vitales de sus usuarios.

Al desencanto que caracteriza la actual experiencia de usuario en las redes sociales le está siguiendo un nuevo ciclo de fascinación, esta vez por las promesas de la inteligencia artificial. Ahora, lo que se pone a prueba es la capacidad de los usuarios para aplicar lo aprendido tras las numerosas revoluciones digitales que han seguido a la llegada de internet.

Habrá que regular las expectativas ante el nuevo tsunami tecnológico para que la gran ola no vuelva a anegar los territorios que, gracias a la simplificación, habían conseguido preservarse del avance de las redes.

El minimalismo digital puede ser la última línea de defensa para asegurar la soberanía de los hombres sobre las máquinas y para recuperar el control sobre el propio tiempo, siempre limitado, y la valiosa atención, por todos reclamada.
__________
Publicado originalmente en revista Líder (Portugal), nro. 32, Inverno 2025: «A Hora do Minimalismo Digital», pp. 42-43. (PDF).

Filed Under: IA, internet, redes sociales, sociedad, tendencias Tagged With: identidad, Portugal, revistas

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