Me entrevistó Valeria Aguilar (Universidad Miguel Hernández) para su TFG sobre los conceptos de autoría y creatividad en contenidos generados por la inteligencia artificial. Esto es lo que le conté (4/3/26).

Cuando hablamos de autoría siempre aparece la idea de “intención”. ¿Cree que podría llegar un momento en que una IA simule tan bien esa intención que deje de importar si realmente la tiene o no?
La IA no tiene intenciones, sino objetivos definidos por sus programadores durante el entrenamiento y por sus usuarios mediante las instrucciones. La intención siempre proviene del humano que la diseña o que interactúa con la IA. En consecuencia, no es apropiado atribuir a la IA la autoría de un contenido, del mismo modo que no le atribuimos a una cámara la autoría de una foto.
En mi trabajo hablo de “pensamiento sintético” para referirme a cómo la IA procesa y crea textos. ¿Le parece que estamos ante una nueva forma de pensar en la cultura o simplemente ante una máquina que reorganiza lo que los humanos ya hemos dicho?
La capacidad generativa de la IA no consiste en reorganizar las creaciones humanas, sino en extraer de ellas patrones que le permiten generar contenido nuevo. El concepto de “pensamiento sintético” es útil para confrontarlo con el pensamiento humano, pero es una metáfora excesiva, ya que las máquinas no piensan, sino que procesan palabras convirtiéndolas en secuencias de números.
¿Dónde pondría usted la línea entre una creatividad auténtica y una creatividad que simplemente mezcla cosas ya existentes? ¿Cree que la IA puede cruzar esa línea?
Del mismo modo que no podemos considerar a la IA como autora, tampoco podemos asignarle capacidades creativas. Los conceptos de autoría, pensamiento o creatividad, no podemos aplicarlos directamente a las máquinas como lo hacemos con las personas. Hay que evitar la tendencia a antropomorfizar la tecnología, ya que nos impide entenderla con claridad.
Si una IA publica algo falso o dañino, ¿quién debería asumir la responsabilidad real: la persona que escribió el prompt, la empresa que creó el modelo o el medio que lo publicó?
Un bot puede programarse para publicar cualquier cosa, incluyendo desinformación y contenido dañino. Las responsabilidades están repartidas entre el programador, la plataforma en la que se difunde y los usuarios que lo comparten. Las versiones actuales de la IA integran modelos de moderación que identifican y clasifican aquellos contenidos que violan las políticas de la plataforma.
¿Cree que si los medios etiquetan claramente los textos como “generados por IA” la gente confiará más en ellos o, por el contrario, empezará a desconfiar todavía más?
Identificar expresamente el contenido producido por la IA tiene que formar parte del pacto de lectura de los medios de comunicación con sus públicos, del mismo modo que hay que revelar los conflictos de interés.
La confianza se construye sobre el respecto de esos acuerdos, que tienen mucho que ver con los géneros como sistema de etiquetado de contenidos y que sirven para regular las expectativas del público. Una “noticia” es distinta de una “opinión”, la “ficción” es distinta de la “información” y una pieza firmada por un periodista es distinta de una pieza elaborada por una IA.
Si ahora se pueden generar miles de textos en segundos, ¿cree que eso hará que escribir pierda valor? ¿Cómo cambiará nuestra relación con la palabra escrita?
Curiosamente el modelo de interacción que viene dominando el uso masivo de la IA desde finales de 2022 es el texto: escribimos una instrucción (prompt) y leemos una respuesta (completion). Ante la proliferación de contenidos generados por IA, creo que la tendencia será dar cada vez mayor valor al contenido “libre de IA”.
¿Estamos ante una evolución del periodista hacia un perfil más estratégico y crítico o existe el riesgo de que, poco a poco, se pierdan habilidades básicas como investigar o escribir desde cero?
Cada una de las innovaciones tecnológicas que se han ido incorporando durante la historia de los medios ha provocado un reajuste de destrezas. Las nuevas herramientas exigen nuevos aprendizajes que transforman las antiguas habilidades.
Hoy el reto consiste en reaprender a trabajar en colaboración con la IA, no en delegar en la IA lo que debería ser nuestro aporte de valor a la comunicación. De lo contrario, estaremos entrenando a las máquinas que se ocuparán de hacer nuestro trabajo.
Muchos autores dicen que la IA no puede crear de verdad porque no tiene cuerpo, memoria ni experiencia vital. ¿Cree que la experiencia vivida es imprescindible para que una obra sea auténtica o es una idea un poco romántica?
Inicialmente la IA no tiene cuerpo ni experiencia del mundo, pero paulatinamente deja de estar recluida en la nube y llega a las calles a través de la visión artificial de los vehículos autónomos, las gafas inteligentes y todos los dispositivos de la llamada Internet de las Cosas (IoT).
En consecuencia, además de sus datos de entrenamiento (textos, audios, fotos, videos), cada vez tendrá una mejor representación del mundo, hasta llegar a los robots que nos han anticipado la ciencia ficción y el cine.
De todas formas, por más sofisticados que sean los modos a través de los que la IA capta contextos y entornos, el modo de procesarlos sigue siendo el de un motor de patrones. Por lo demás, y al igual que con “autoría” y “creatividad”, habrá que redefinir lo que se considera “auténtico”.
El hecho de que las IA se entrenen con millones de libros y artículos sin permiso explícito, ¿le parece más una forma avanzada de “leer y aprender” o una forma sofisticada de aprovecharse del trabajo ajeno?
La IA generativa ha creado un escenario nuevo respecto del contenido público de internet: no hubiera sido posible construirla sin el gigantesco repertorio de la web, pero ahora que está construida es legítimo preguntarse qué se ha usado y cómo se puede compensar a los creadores de contenido digital por su contribución involuntaria al entrenamiento de la IA.
En este sentido, ya se ha puesto en marcha una iniciativa (The SPUR Coalition) liderada por la BBC, el Financial Times, The Guardian, Sky News y el grupo Telegraph Media para proteger el contenido periodístico y la sostenibilidad de los medios frente al avance de la IA.
¿Qué le preocupa más de la IA generativa: que sustituya a los autores, que todos los textos empiecen a sonar igual o que nos acostumbremos a pensar menos por nosotros mismos?
Me preocupa que la IA se comience a utilizar en edades tempranas y en los primeros años de la educación formal de todos los niveles, antes de que se hayan podido desarrollar las destrezas intelectuales que permitan usarla con criterio y gobernarla como un instrumento. Me preocupa que nos convirtamos en esclavos de las máquinas, no por alguna maldad intrínseca de la IA, sino por renunciar al desarrollo de los talentos y destrezas que nos hacen humanos.
¿Cree que algún día una obra generada mayoritariamente por IA podría entrar en el canon literario? ¿Qué tendría que tener para lograrlo?
Ya hay obras y seudónimos en ese camino, como el ensayo Pensar con Prompts. Una crítica de la razón generativa (Ed. Rosamerón, 2026), de un supuesto Jianwei Xun, aunque, evidentemente, hay un editor y escritor astuto por detrás (Andrea Colamedici).
Si tuviera que definir en una frase qué está cambiando realmente la IA en la escritura, ¿diría que está transformando el oficio, la creatividad o nuestra manera de pensar?
La IA ha cambiado el modo en el que los humanos nos relacionamos con las máquinas usando el lenguaje natural.
Relacionado: La IA y el periodismo.





