Me entrevistó Ricardo Colmenero para su artículo «Videojuegos, chats, apuestas e inteligencia artificial: dentro de la primera guerra interactiva de la historia», publicado en la revista dominical Papel del diario El Mundo. Esto es lo que le conté:

La red internet, a partir del 11S (2001), y en particular Twitter, desde la Primavera Árabe (2010), viene albergando una creciente y diversa comunidad de usuarios dedicados a la inteligencia de fuentes abiertas llamada OSINT (Open Source Intelligence). Se trata, tanto de aficionados como de profesionales, que utilizan información pública de fuentes abiertas (medios de comunicación, redes sociales, datos gubernamentales, imágenes satelitales, webcams y datos de tráfico marítimo, aeronáutico y terrestre) y la transforman en inteligencia para dar cuenta de conflictos y crisis en desarrollo.
Las capacidades de la IA para analizar grandes volúmenes de información y extraer patrones han potenciado las acciones OSINT mediante los llamados “monitores de conflictos asistidos por IA”, como: Conflict Radar, Iran War Map, OSNTio, Situation Watch, War Monitor, World Monitor y World View, entre otros.
En el análisis de esta tendencia, hay que evitar el riesgo de asumir que la IA o un aficionado utilizando una plataforma de monitorización, tengan auténticas capacidades para realizar análisis solventes de inteligencia de datos. Además, en situaciones de guerra, el cribado previo de la información que alimenta un monitor es crucial, ya que la propaganda y la intoxicación forman parte de las estrategias bélicas desde siempre.
Como consecuencias para el periodismo, habría que destacar la necesidad de formación en técnicas OSINT y reconocer el extraordinario valor que tiene el trabajo de los corresponsales de guerra y de los analistas de política internacional cuando se trata de contar y de interpretar las tragedias de nuestro tiempo.
Referencia: «Videojuegos, chats, apuestas e inteligencia artificial: dentro de la primera guerra interactiva de la historia», Papel. La revista dominical de El Mundo, 29/3/26, pp. 14-15.





